viernes, 8 de febrero de 2013

Y por cierto...

Se me cruzó el cable y fui a la peluquería. "Corta por aquí" le dije, y por una vez, no fue la peluquera la que se pasó con las tijeras. Fui yo, que me quité 30 centímetros de melena y me puse gafas nuevas, de pasta, ni muy grandes ni muy pequeñas, y quien se pintó los labios rojos. 

Al verme (me escondí "el corte" debajo de un gorro), él me miró y se echó a reír sin querer ("te queda bien" "a mi todo me queda bien"). A Él ni siquiera le di tiempo al abrir la puerta, porque teníamos cosas mejores que hacer (entre ellas, espantarme fantasmas y dormirme la borrachera). Y mi cuñao me dijo que, con los labios rojos, si no fuera él quien es, me pediría casarse conmigo allí mismo (o incluso me comería la boca, sin necesidad de compromiso alguno).
Disparidad de criterios frente a mi nuevo look. 

Y yo, que pensé que me reconocería mejor en los espejos si me tuviera que mirar 3 segundos para saber quién era, sigo sin saber nada sobre mi. 

MM

Me llama Miss Madrid. Nos conocimos una noche mítica en el Tony2. Apenas le recuerdo. Pero me ha llamado (no sé por qué) Miss Madrid. 
Y hoy, que hace frío, que el Gallego ha ido borracho a clase y me daba besos en la frente, que he mandado al de los ojosazulescasiverdes a la mierda por ser idiota vía wasap,que debería estar en Madrid celebrando con Biuti que también su paso por la Santa Casa ha terminado, hoy...hoy soy Miss Madrid. 
Sorpresas te da la vida.

Cómo lo hecho de menos. 

jueves, 24 de enero de 2013

Ring.

Vibra el teléfono. Es él. Se sienta 3 asientos detrás. He llegado tarde al bus y me he sentado donde he podido. Le he visto, pero he hecho como si no. Y al cabo de un rato de miradas vacías por la ventana, vibra el teléfono. 
Desde que hemos vuelto, me veo más yo. Más ágil en las respuestas. Como si hubiera perdido el miedo. O como si lo hubiera perdido todo. 
vibra el teléfono y levanto la vista. él va con sus cascos, yo con los míos, mirando cada uno nuestras pantallas como si no fuera el otro con el que habláramos. De pronto, me giro y nuestros ojos se cruzan. Sonreímos. 
Alargamos la despedida bajo la luz naranja, a la salida de la escalera. Él me dice que a veces lo inteligente es no hablar. Yo le digo que me cansa traducir. Y me doy la vuelta, y me voy. Ya traduje bastante, pienso. Y no me valió para nada. 
Ya no vibra el teléfono. 

Vibra el teléfono. Salgo de ver Cuéntame y me encuentro sentada al lado del Chico Fabuloso en París. En su cama. Dice que lo ha pasado mal. Que le echa de menos. Lo entiendo, pero no lo entiendo. Recuerdo bien cómo era eso de que te faltara medio pulmón, pero hace tanto tiempo que no me pasa que me cuesta ver que les pase a otros con mucha más edad de la que me pasó a mi. 
Me dice que puede que se vayan a vivir juntos. A mi me siguen pareciendo muy jóvenes. Pero empiezo a sospechar que ya no somos niños. 
Se quieren. Y me pregunto si, cuando quieres a alguien, todo terminan siendo certezas. 

Vibra el teléfono. Esta vez soy yo la que está al otro lado. Me imagino la escena en un restaurante concreto. Rojo y blanco. Servilletas. Coca-cola. Cumpleaños. Es raro. Estamos lejos y está al lado. Cumple años. cumple años y yo aquí. 
Aquí. 
Tan lejos. 

viernes, 18 de enero de 2013

Empezar. Por algún sitio.


El mundo debería empezar a girar alrededor de mi ombligo. 


Estoy cansada de pedir. 


Y de preguntar.


Y de hacerme cargo de las cosas y de entender. 


Repetir esos patrones mentales.


Pero lo voy a cambiar. Y a romper las ventanas. 


Y que les jodan. 


A  t

    o
    d
    o
    s


 Chris Martin, que también tuvo que empezar por algún sitio. 



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Y me encuentro con esto... de Zahara. (en pijama, pero con el pelo limpio)

las chicas cuando lloran...


Las chicas cuando lloran esperan ser bonitas.
Sentir sus cálidas lágrimas cruzando sus mejillas y que el amor de sus vidas las contemple con tristeza y no pueda soportarlo.
No quieren que se acostumbren a verlas llorar, no quieren que simplemente pasen de largo y que sean unas lágrimas ya viejas, ya vistas... unas lágrimas pasadas de moda.
Eso sólo genera más lágrimas. Como ríos de llanto bajando con fuerza por esas caras hinchadas del esfuerzo, como un torrente de agua que destroza lo que encuentra a su paso.

No, en ese momento, las chicas que lloran tal vez no son tan bonitas, pero aún necesitan el abrazo que las calme, la voz que les pregunte, la lágrima que llore con ellas.
Esas chicas no se sienten cómodas llorando en bata, con el pelo sucio y cansadas de todo el día. Esas chicas que se sorben los mocos no se sienten bellas en su llorar, y sin embargo una vez se imaginaron llorando como si fueran las mujeres más bonitas entre todas las mujeres.

Por eso, a partir de ahora, cuando lloren, llorarán solas.
No quieren que mire aquel que no esté preparado para contemplar esa belleza.

http://zaharapop.blogspot.com.es/2013/01/las-chicas-cuando-lloran.html

sábado, 5 de enero de 2013

Llegar tarde a todo. A los regalos. A las confesiones. Y alcanzar sólo el rastro de olor que dejas. Como cuando una chica perfumada te ha esperado en la habitación, pero ya no está. 




- Gran Vía, 2060 -
Caminar
es mucho más que poner un pie delante del otro.
Caminar y recordarte
con tu barba y tu bufanda azul marino;
un pie,
otro pie,
tu bufanda azul marino.
Ahora soy tan vieja
que tengo más años que mi propia tristeza
y, curiosamente, esta ciudad aún no ha explotado.
Hay poesía por todas partes.
Hay cristales en el aire
y luces debajo de la acera.
En Callao se cruzan, desdeñosos,
el cielo y el infierno:
la Avenida del Edén
que es la Calle
con los edificios más grandes del mundo.
y un callejón sin nombre
al que algunos llaman “averno”
donde dicen que se juega a la ruleta rusa
los domingos.
Ya sólo me queda quererte hasta que me muera yo también
te lo prometí hace ya más de medio siglo.
No he vuelto a mentirte desde aquel día.
Anoche te marchaste de mis brazos.
Los coches surcan el cielo de la Gran Vía
y no van a parar hasta que acaben conmigo.
-Elia Maqueda López-

jueves, 3 de enero de 2013

Feliz (2013)


Hay unas cuantas fotos que no compartí. 
 Esta es una de ellas. 
En la siguiente, aparececemos medio tú y medio yo, con los ojos achinados, riéndonos. 
No sé de qué. 
Las dos fotos son como dos piezas de un puzzle. Tienen poco sentido o poca gracia si no se conoce la imagen general. Hasta podrían borrarse en una selección precipitada. 
Pero esas dos fotos, conectadas con una historia que ya hemos olvidado, lo explican todo. 

Aquí se ve tu brazo, detrás, cerca, por si acaso. 
Estando sin que nadie se de cuenta. Ni siquiera yo en el momento de la foto. 
Es una gran metáfora. 

Y es bonito que alguien cuente contigo siempre, como quien no quiere la cosa, y que en los planes sumemos dos.
 Aunque nunca nos lleven a ningún sitio. Ni falta que nos hace. 



lunes, 31 de diciembre de 2012

Querido 2012 que te vas...


Querido 2012: 

Qué año tan raro. Realmente, si miro atrás, solo puedo ver el verano como resumen ideal de 12 meses, y como el mejor regalo que me dejas.
Noches eternas con la chica de la radio, en las que empalmábamos noches y mañanas, con la cabeza bombeando sangre en las sienes, los ojos rojos y el corazón igual que el de una adolescente. Qué bonito hubiera sido un verano que durara 10 meses más. 

Recuerdo febrero con la llegada al hospital y la cadena de desgracias posteriores, la certeza de las cicatrices y de los afectos que nunca vuelven. Cumplir 25 llorando por alguien por quien ya he llorado demasiado y celebrarlo por la noche con 3 corazones llenos de amor del de verdad.

Y aunque no podría elegir entre uno de esos 4 corazones,uno de ellos se convirtió o dio el paso definitivo a ser mi hermano, porque un día que creí que la salida más correcta era dejarme llevar y saltar, él se quedó a mi lado muchas horas limpiándome las lágrimas y el barro de los pies y de las manos. Y me protegió de monstruos que nadie más había visto. Y creo que desde ese día soy un poco mejor persona. 
Otro de esos 3 corazones fue el de mi otra hermana, que este año, por fin, se ha vuelto feliz. Y está tan feliz, a pesar de tener su vida atada a un libro de test de medicina, que cada vez que me  mira se le escapan corazones por los ojos y me inunda a mi con una paz de esperanza. Como si fuera verdad eso que vendían en los cuentos del príncipe azul (aunque sea del Atleti), y que pasa, y que el destino sale a buscarte aunque tú te empeñes en despistarlo. 
El otro corazón de esa cena es la única persona que me ha demostrado, pasara lo que pasara,  que estaba ahí. Tal vez no sea el guerrero más valiente, ni tenga siempre a tiempo la palabra precisa. Pero está siempre. Y a veces refugiarme en él es como llegar a una casa que nunca tuve. 

Este año también hubo una noche mágica, de karaoke y calles sin nombre de madrugada. Y un camión de mudanza que recorrió los 300 kilómetros más largos de mi vida, que me separa de mi vida real. O de la que siempre soñé y que durante un tiempo fue lo único fiable de mí misma. El único motivo de orgullo que tenía. 

Apenas recuerdo nada más de este año. La llegada a Valladolid, el chico de los apellidos largos, y el de los ojos azulescasiverdes. La abejita. 
Un reencuentro en un bus, un día de lluvia, un paraguas y un abrazo que no se dio. Tal vez porque todo estaba muerto ya. A pesar de mis intentos de reanimarlo o de mantenerlo vivo, puede que con demasiada ilusión. 


Y ahora que se me van estos doce meses, raros, tristes, preciosos, con muchas lágrimas (demasiadas), con muchas risas, con muchas cervezas, con  muchos abrazos, con declaraciones de amor, con muchas noches de ver salir el sol, con descubrimientos, con dolores, con certezas... ahora toca cerrar este libro.

Y empezar uno. Que qué espero que me traiga? pues poca cosa. De hecho, me da tanto miedo plantearme nada que casi me da miedo pensar. Literalmente. 
Quiero ir a la playa, quiero noches en coche, quiero Mahous y suelos adoquinados, y muchos abrazos, y muchos escalofríos de los buenos, y algo con nombres y apellidos que me vuele la cabeza y me haga entender qué hago yo aquí. Quiero sentirme orgullosa de mi y dejar de sentirme perdida aunque solo sea por un día. Quiero volver a saber a dónde voy. Quiero cantar a gritos con alguien. Quiero dejar de luchar un rato y que alguien nade por mi, y se ponga delante para esquivar los golpes. 
SObre todo quiero ser feliz. FELIZ como aquel atardecer en el Madrid de los Austrias y lo dije en alto "soy feliz", para atraparlo un rato más. Como conjurando el miedo. 

Este año yo fui yo por última vez, y estuve en ese sitio donde era más feliz que nadie. Y allí, una mañana de zumo de naranja y muffin, llegaron ellos. Y me hicieron respirar hondo, como ahora, y limpiarme, con solo un dedo, una lágrima de la que nunca nadie supo. 
Hablaban de una alarma. Y de la fuerza que impide que caigas, aunque tiren a dar. 
Puede que me haga un tatuaje. Pero ya será en el 2013. 

Pórtate bien. Por una vez. 


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2012 también fueron LOL, Sidonie, la única canción de Amaral, Whistle, Bruce Springsteen, Bowie...
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Pequeñas frases que te recuerdan, de una vez, con quién cuentas. Y con quién no. Idiota.