lunes, 7 de julio de 2014

Let it out and let it in.

Si creyera en algo, como algunos (con suerte) creen en el Madrí (y yo al Madrí le tengo mucha fe, que conste) o en Dios o en la Santísima Virgen del Desamparo y las Lágrimas Amargas, diría que creo en Lennon y McCartney.


miércoles, 26 de febrero de 2014

Duermes.

Se queda dormido. Como en el Show de Truman, le veo dormir acurrucado en el nórdico, sacando solo la cabeza. Duerme con los hombros subidos y yo siempre me enfado con él porque creo que esa postura puede hacerle daño.
Como decía, está dormido antes de las 11 de la noche y me da tiempo a mirarle mientras hablo con L.
A veces tengo el cuadrito pequeño y se me olvida que está ahí aunque siempre procuro no hacer ruido de manera inconsciente. Para no despertarlo.

Otras veces, hago grande la pantalla y me quedo mirándole un rato. Cómo mueve los ojos dormido. Sus pequeños gestos en sueños. Los ronquidos de Roque de fondo.
Verle dormir me hace ganarle tiempo al día (decía Sabina "me podrán quitar tus días, tus noches no"

Lo que quería escribir aquí, dejar constancia, es de que me derrito. Suena cursi, suena moñas, lo que quieras. Pero me derrito. Siento que una parte de mi se escurre cuando le veo así, con media sonrisa, y me encantaría ir a arroparle bien y tumbarme detrás, como hago cuando duermo a su lado. Besándole la espalda, pasando mi brazo y buscando con la mano el latido de su corazón, y la nariz pegada a él. Y le arrincono en la cama porque voy acercándome y acercándome para notar que está a mi lado, para compensar todas las noches que no está.
Y él está tan dormido que no se da cuenta.

Otras veces, cuando estamos lejos (él casi siempre se queda dormido antes que yo... y ya es dificil) dejo el ordenador encendido y apago la luz, y me quedo dormida nirándole a él en la pantalla, a un vistazo. Y me termino despertando con el sonido de su despertador.Y le acompaño mientras hace café y aquí todos duermen.

Reverte decía en el primer libro que le regalé que la protagonista le ponía "blandito por dentro". Creo que eso es lo que yo siento cada vez que le veo aparecer en la pantalla.
Y creo que es buena señal.

Duermes...insomne cruzo la casa y te busco intranquilo...
http://www.youtube.com/watch?v=araOtwFvikg

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Le daba igual lo que fue, de dónde venía, qué pensaba hacer, lo que tenía, lo que quería. Le daba igual.



Le importaba su monstruo del armario, la lista llena de luces verdes. La vida por delante. Las noches sin dormir. El estómago como una nuez. El llegar, por una vez, en el momento adecuado. El temblor de tierra, la niebla de las fotos. Aquel perro pequeño que no ladraba. La playa en enero. 

(Entrada en borrador. 19 de mayo de 2013)

martes, 25 de febrero de 2014

Obviously, Doctor, you’ve never been a 13-year-old girl.

Tenía 14 años y estaba en Irlanda.
Siempre he pensado que durante buena parte de mi adolescencia me sentía como una especie de pelele soltado en mitad del mar al que le iban pasando barcos, maremotos, tormentas y soles abrasadores y que creía que nada de aquello tenía demasiada relación conmigo.
Suena a frase manida, pero realmente creía que aquella vida, lo que me pasaba iba más rápido de todo lo que yo podía asimilar y de pronto estaba en Madrid en La Paz viendo la Ciudad Deportiva del Madrid desde una ventana mientras mi madre estaba en una sala a la que no me dejaban asomarme (siempre he creído que los fantasmas invisibles son mucho peor que los monstruos con carne porque es más difíciles hacerlos desaparecer), de pronto estaba en un colegio de monjas compadeciéndome de la estupidez de la matona de mi clase a pesar del miedo y de pronto estaba en Irlanda.
Bien. Pues ahí estaba yo, con todas mis propinas en forma de Irish pounds, Carmen y Pollo al lado, flipando por poder, por primera vez en mi vida, elegir qué y cómo comprar.
Recuerdo perfectamente la tienda de discos, llena de luces y colores chillones en la que sonaba Destiny's Child y Eminem y recuerdo el disco de U2 con su pegatina de "precio rebajado" porque ya hacía tiempo que había salido. All that you can't leave behind. Me gustaba el título. Me gustaba el título largo y con significado.

Sin embargo, llegué a casa (a mi casa de estancia allí) y el disco, salvo Beautiful day y Elevation, ni fú ni fá. Y entró en la maleta y se quedó arrinconado. Mientras, mi hermana lo escuchaba una y otra vez (eleveisionuuuh,uuuuuuuuhhhh) y yo no lo entendía. Ni siquiera había sacado el disco de la caja de cartón que envolvía el CD. Pues un disco. Muy bien.

El hombre por el que me enamoré de la radio  (uno de ellos, tuve unos cuantos) ponía una de las canciones todos los días que hacía programa. Walk on. Y Beautiful day. Y si le gustaba a él, y él diseccionaba el disco en cada oportunidad que tenía, tal vez merecían una oportunidad.
El mundo seguía cayéndose en pedazos sin que nadie me diera una explicación y yo seguía allí, metida en una especie de burbuja que me hacía aislarme para reconstruirme. Ni siquiera tenía voz.
Recuerdo que saludaba a los vecinos tan tan bajo que ni siquiera me oían. No tenía fuerza para mucho más. Me oía a mi y solo me oía diciendo "Corre. Corre. Corre. Lárgate de aqui y sal viva de esta".

Supongo que les dí una oportunidad y supongo que funcionó.

Recuerdo a mi profe de gimnasia pasarme a escondidas de mis compañeros y con una sonrisa cómplice, un CD con toda la discografía en MP3. Me recuerdo gritando con Sunday Bloody Sunday o New Year's Day contra la almohada de mi cuarto para amortiguar el grito. Recuerdo lagrimones de rabia y de dolor con el sonido en los auriculares reventándome los tímpanos bloqueando otros ruidos y notando el golpe de batería de Larry Mullen Junior retumbándome en la cabeza. Recuerdo la sensación de liberación. De estar sola y de estar bien. De sentirme fuerte aunque en el fondo temiera que no podría aguantar otra grieta más. Wipe your tears away. Wipe your tears away. Haciéndome prometer a mi misma que no iba a necesitar a nadie porque podía ganar sola pasara lo que pasara, que podía, y que de casa se salía llorada y que delante del mundo solo iba a ponerme las botas y a caminar para llegar a algún sitio muy muy muy lejano de aquel cuarto de paredes amarillas. Ellos fueron una caja de resonancia cuando nadie podía o sabía oírme. Gracias a ellos gritaba. Aunque siguiera sin oírme nadie.

Falta una semana para que cumpla 27 años. Mis cumpleaños siempre han salido entre mal y catastróficamente mal (como los eventos que me tienen a mi por protagonista). Y justo hoy me he topado con ellos y justo hoy me han venido de golpe todas aquellas canciones de cuando de pronto todo se ponía mal y no sabías qué hacer para parar el derrumbe.

Y recuerdo que después de desesperarme gritando con Sunday o Walk on o la que fuera, siempre me intentaba dormir acariciándome el pelo, hecha un ovillo con esta canción. Apuntando directamente al problema con un dedo acusador y quitando los surcos del lagrimón con la manga del pijama con una sonrisa, al fin (sí, es un poco bipolar, pero los hijos únicos tenemos que valernos por nosotros mismos para aguantarnos llorando y hacernos reír. Y este método era tan bueno como el que más).
 "I never thought you were a fool, but darling, look at you. You gotta stand up straight. carry your own weight. These tears are going nowhere, baby".
 Después de la tempestad, el alcohol para los raspones.

http://www.youtube.com/watch?v=NLkf6Y7TDho

 


martes, 21 de enero de 2014

(descanso)

Miro al suelo. Reconozco esos adoquines grandes, grises y planos. Veo mis piernas blancuchas, desnudas y al final de ellas unas sandalias cómodas. Hace calor. Mucho calor. El sol se está poniendo detrás del edificio de Schweppes pero su luz no molesta y lo baña todo de un color dorado. El cielo, azul, muy azul, azul sin tormenta, azul con nubes muy blancas, como de dibujos animados, azul de Madrid. Paso el edificio de Telefónica y solo por el olor (demasiado intenso) podría saber dónde estoy: ese ambientador siempre me ha recordado mucho a mi perfume.
Sigo avanzando. Enfrente, un gran andamio cubierto con publicidad, los heavies, el paso de peatones y la gente esperando para venir a mi encuentro. Sigo hacia delante. Edificio en obras, la música del Stradivarius, el cruce hacia el mexicano, una tienda de medias que ahora vende bikinis en los que yo no entro ni entraré nunca.
La puerta de la radio, Manu el segurita fotógrafo que desde que le colé en unos premios siempre me sonrie un poco más de lo habitual. H&M y los novios arrastrados hacia la puerta, y los maridos cansados que ya pueden decir que no entrar. La heladeria de aquella chica a la que se le estaba muriendo la madre y me lo contó, como cuando el cielo deja caer una tormenta para aligerar peso, en un asiento de un bus una noche en la que el verano se acababa y yo echaba de menos una chaqueta.
El olor de Mango. Más obras. Otra tienda. La cafetería en la que me refugié con Carlos aquella temporada en la que noche en que quedábamos, noche en la que llovía a mares.
Paso de peatones.
Diez segundos de tregua para mirar el sol y el cielo a través de mis gafas de miope camuflada. Miro al frente y esquivo al resto de paseantes que también cruzan. Edificio color salmón. Color sol. Color nubes rosas.
La parada de metro demasiado cerca del cruce, el hombre anuncio. La zapatería de Pablo. Los carteles de cine gigantes (dentro de poco serán sustituidos por pantallas gigantes...). Las pandillas de emos saliendo del metro o esperando a alguien.
Los indigentes de la plaza durmiendo al lado del Starbucks. La pija que se coloca el zapato mientras sujeta en un gesto coqueto y descuidado un frapuccino. El escaparate del Corte Inglés.

Cuando me canso cierro los ojos, me pongo esta canción y me doy un paseo.


lunes, 30 de diciembre de 2013

2014 feliz.

30 de diciembre de 2013. Berlín-Madrid- Palencia. Tren.

Yo le pedí a 2013 algo que me removiera por dentro, que me acelerara el pulso y que me cambiara la vida. 

Y el 2013 que pintaba mal, me trajo un cumpleaños multitudinario inesperado, certezas laborales, un título más, un amigo trotamundos con acento gallego. Me dejó a mis hermanas, fieles y siempre encima a pesar de estar lejos y me dejó a mis chicos, más mayores, emparejados, solteros, con y sin trabajo, pero siempre cerca si se necesitan. 

Pero lo más importante es que en mayo el año me trajo una explosión de primavera inesperada y agujetas en los dedos de escribir a horas intempestivas. Palabras que nunca pensé que nadie diría en voz alta por mi. Un amor como el que cantaba Miguel Ríos en Santa Lucía: ciego. Sordo y mudo (al principio). Y un poco loco.  
Y lo siguió una luz que lo iluminó todo en junio, que hizo saltar los cristales y que lo hizo todo nuevo. Que me hizo a mi misma nueva. 
O tal vez que me hizo creer que lo que yo escondía y lo que yo era estaba bien. Y era bueno. Y que merecía la pena. SIn condiciones ni dobleces. La luz de los agujeros de gusano. 

Me trajo La Central, una revista,agua con gas, una foto de una silla vacía y se llevó mi aliento.Sus botas frente a mi.
 Ese día se metía el sol en Gran Vía justo a tiempo. Justo a tiempo para hacerse de noche en Debod. Justo a tiempo de no encontrar sitio para cenar. Justo a tiempo para encontrarnos con una pareja de novios y ver las señales claramente en una voz que no era la mia pero que usaba mis palabras y dijo boda y amigos y un anuncio de televisión.
 Me dio un Madrid nuevo y la creación y confirmación del mantra de que todo lo que empieza en Madrid no puede salir mal.  
Me dio besos largos bajo la luz de una farola y una noche larga de mirarnos en un hotel, la primera vez de abrir los ojos después de dormir y toparme con los suyos. Y aunque él no quiera, yo seguiré pensando que fue una de las noches más bonitas de mi vida. Aunque todo mejoró al salir el sol. 
Ese gesto de sonrisa torcida de niño que intenta averiguar un puzzle desde lejos. El abrazo y las manos de un hombre que es valiente y está ahí cuando tiene que estar. 

El 2013 me presentó un cariño impensable para mi para un ser pedorro, blanco y negro como el Nodo y brutote, cariñoso y dormilón: lametones de amor y abrazos. Calor acurrucado en mi regazo haciendome compañía y pidiendo mimos. 
El 2013 me dio sentido a canciones de Izal, de Zahara y de Lori Meyers. Mesa de 3+1.

Me trajo una sorpresa enorme, visitas fantasma a Valladolid, un twingo verde, el hueco de mi escalera, una furgoneta de empresa con las ventanillas bajadas y mi musica (nuestra) sonando.
 Me trajo unas llaves de casa. 
 Me trajo un Orgullo para dos con pokemons y matricula de honor general en el examen. El cumple de Lara, su playa y las llamadas de madrugada. 
Y un Berlín levantado en obras al que no le faltaba ni le sobraba nada siempre y cuando él se despertara a mi lado y al que le hemos regalado 100 millones de besos en horas pegados como siameses. 

En definitiva, me trajo lo más bonito que hubiera podido imaginar. Lo que siempre pensé que no podía existir y que si existía, no sería para mi. La certeza implacable de que era ÉL (oh, sí. Existía) y de que habrá boda en Las Vegas (por definir si es en las de EEUU o en Murcia), pero con él. 
Hubo en el 2013 una manera especial de agarrarme la mano para bajar del Metro en aquella mañana de Retiro y sombreros amarillos. Hubo una explosión de fuegos artificiales en la escalera del Hard Rock Cafe. 
Hubo una mañana de piscina como nunca habia tenido, un atardecer en una terraza y una cena para gente de la que no sabía el nombre. Hubo pelis malas en el cine. 2 o 3 fechas para poder celebrar aniversarios. 

También hubo, no os engañaré, alguna que otra lágrima por la desesperación por verle y por el miedo asfixiante (quién me ha visto y quién me ve..) a dejar de gustarle y a verle desaparecer.A volver a la guerra sola y a sacar la pala para otro hoyo donde esconder la cabeza y el corazón en caso de derrota.  Hubo nudos en la garganta.
Y es que por primera vez entendí eso de que solo los que no han tenido nada nunca no tienen nada que perder, y que el gesto más difícil de querer a alguien es presentarse tal y como se es, decir lo que se piensa. Ejercer de kamikaze por sistema. Y ser feliz a pesar de caminar por el alambre sin red. 


Así que creo que solo puedo decir que hubo en 2013 un antes y un después en mi vida: hubo un nuevo plan. Alguien que me cambió la vida y desde que ha llegado no puedo ni quiero pedir nada más porque bastante suerte tuve ya con él.  

Por mucho que lo explique nadie sabrá la pena que me va a dar despedir este año que solo tiene un nombre y un protagonista.
 Lo mejor es que el culpable seguirá aquí mañana. Y que ya dará igual que sea 2014 o 15, porque ya no hay nada que esperar. 
Él vino e hizo de un "feliz 2013" un 2013 feliz.Muy muy muy feliz.   
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Nada ha cambiado. 
Sigo sintiendo exactamente lo mismo que cuando vi aparecer la punta de tus botas marrones en el suelo. Más, porque la lista de agradecimientos por todo lo que haces por mi crece y se suma al enamoramiento tonto y la montaña rusa que me nace en el estomago al mirarte de nuevo. 

Eres perfecto. 
Eres luz... 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Á.

Sí crees que su nombre es bonito, que él es guapo...deberías verle de madrugada vestido sólo con la sonrisa.
Eso es para morirse de amor. 
Así estoy.
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Nochevieja solo, dice.
Habrá que pelearnos, digo.
De todos modos sé un sitio donde siempre terminamos ganando los dos.
(Pero no, solo no).

París, Berlín, casa.

Creo que nunca he dejado de dormir tanto por nadie y creo q no he visto nunca a nadie dormir tanto como a él. Desde que él llegó los calendarios, los relojes, las estaciones tienen otro ritmo y otro sentido. 
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Tenía una amiga en la facultad que siempre decía que ella se casaría con el hombre que la llevara a París. Él, que lo de París lo tiene en mente, me lleva primero a Berlín por azares del destino y me dice que quiere ver el mundo conmigo. 
Yo solo le sonrío y le digo que me da igual. Lo que no sabe es que todos mis planes, mis sueños, mis proyectos se quedan pequeños y sin brillo a su lado: la mayor sorpresa de mi vida ha sido él. 
Nunca pedí demasiado, o tal vez necesitaba cosas tan básicas que su carencia me impedía soñar más a lo grande (o mejor, más al estilo común): no sueño con un chalet con piscina, no me hacen falta vestidos de princesa, ni viajar a Nueva York ni un anillo de Tiffany's. Y yo se lo digo a él y él me dice que le da igual, que quiere darme todo lo que pueda... y yo sonrío y pienso "pobre, no sabe que solo le necesito a él". 

Un día, antes de conocernos, le conté una cosa que nunca jamás había contado a nadie y él, sin saberlo, me dijo la respuesta correcta, esa que siempre soñé que me dirían en algún momento de mi vida. Pero no solo me la dijo, sino que además, le creí. Y que aquellas palabras (que me ha repetido mil veces después sin que él sepa lo que significan de verdad para mi) eran una señal. Como lo de la boda en Las Vegas en Debod. Como "dieselgustazo". Como Madrid. 

La primera vez que estuve en casa (en la suya. En la nuestra) me puse mala. La segunda vez, también. Y no me dejó sola ni un solo segundo, estuviera donde estuviera. Y no creo que pueda olvidarle a él, aquel agosto, de pie mirándome con sonrisa tierna y asustada, o abrigándome como podía en su coche mientras se metía el sol entre el cielo naranja. 
Es un hombre especial. Es fuerte y serio y responsable y sin embargo yo le miro y solo quiero cuidarle. Supongo que porque en parte me recuerda a mi: somos dos cabezas de chorlito dentro de envoltorio de señores serios. Y cuando estamos juntos, nos damos permiso para reírnos mucho. Puede que todo lo que no nos reímos cuando nos tocó crecer. Y nos damos permiso para hacernos cosquillas. Y para hacer bromas internas que nadie más entendería. Yo nunca me he atrevido a ser yo hasta que ha llegado él. Y lo mejor es que creo que le gusto. 

Él dice que quiere un armario enorme para mi, un jardín en la terraza, una playa enorme solo para los dos. Y me lo dice de verdad, y con esa sonrisa que me pone blandita por dentro (cuando termine de leer el libro le entenderá que con él soy Coy. Que ya no necesito ser Tánger)  y que me contagia a mi. Y cuando me dice esas cosas, suelo acariciarle la barba y decirle "lo que tú quieras". Pero lo que pienso, lo que pienso de verdad es que lo único que quiero, lo que he siempre he querido...es a él. 

Cómo conocí a vuestra madre, de Iván Ferreiro. (Cuando contemos la verdad, la historia será preciosa....)

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Dice a veces que tiene miedo de perderme. Y yo no entiendo cómo no lo ve en mis ojos. Zahara, otra vez, tiene razón: él hizo desaparecer los hombres de la tierra.
  No puedo pensar ni imaginar a nadie mejor: los que antiguamente me encantaban, hoy pierden por goleada y penalty en el último minuto.  Con humillación. Con el árbitro comprado y ganado para la causa.
Es imposible.
Y él dice que a él le pasa igual,pero...es que él es muy guapo....

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Habla en sueños. No es un secreto. Una noche me dijo "te quiero" dormido. Dijo mi nombre. No volví a dormir en un rato, con cara de susto. Feliz.
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Lo he encontrado. Es del principio de los tiempos  (poco después de empezar a hablar).
 Lo malo es que no sabemos lo que ella dijo al final, pero creo que el final tenía buena pinta incluso entonces.

No sé cómo fue la frase. Pero en un momento dado él dijo algo de verse, y ella dijo algo de "no corras tanto". 
Y él dijo "todo pinta bien. Cuadras con todo", y ella dijo "no sé de qué me hablas. Todo es muy extraño". 
Y él dijo "quédate, no te vayas. Aunque suene romántico", y ella dijo "