Me da miedo. No quiero sufrir más, no quiero llorar más. No quiero decir más veces adiós, no quiero adioses a medias, no quiero. No era el momento. Yo estaba aquí de paso, en mi mundo, en mi gimnasio y mi aburrimiento y ya estaba, nada más.
Y ya sé que a la vida se viene a jugar, y que todo fluye y que no hay cosas forzadas pero no sé si quiero. Mejor, no sé si puedo. No sé si debo, que llevo todavía las costuras sujetas con hilos quebradizos por mucho que disimular auqnue, a este paso, va a ser costurón sobre costurón. Lo veo.
Hay ratos que todo tiene sentido, o mejor, que no lo tiene porque no hay nada que pensar más que palabras y palabras y otros en los que me niego.
Será la falta de costumbre.
Por otro lado está P..No lo entiendo y ha tenido que pasar algo porque no es normal. Y me daría igual si lo entendiera y no me oliera a chamusquina, pero huele raro. Y hacia un buen rato que no pensaba en lo de P., mira. Lo dejaré ahí hasta que se me cruce el cable y le pregunte porque no tiene sentido.
No contaba yo con estas aventuras, fíjate. Y como texto es una mierda, perdón, pero como diario rápido esto no tiene precio.
Y me voy a dormir. A ver si puedo.
miércoles, 29 de mayo de 2019
jueves, 16 de mayo de 2019
El placer es coger un libro antes de dormir y leerlo, leerlo leerlo, sin importar la hora a la que acabes, sea jueves o lunes o domingo. Reírte con él. Y terminarlo y despedirte en silencio al cerrar las tapas por última vez.
Leer porque quieres, lo que quieres.
Libros de la biblioteca que no buscabas y te llamaron, o que has buscado durante meses o esperado leer, y que de pronto, aparecen.
En parte me gustaría hacer una lista con todos los libros que leo, para, simplemente, recordarlos o tal vez por el acto egocéntrico de echar números y cuantificar. Por otro lado, contarlos, convertirlos en cifra me parece feo, una falta de respeto.
Ojalá quedara algo tangible de ellos, especialmente de los que no son míos.
Leer porque quieres, lo que quieres.
Libros de la biblioteca que no buscabas y te llamaron, o que has buscado durante meses o esperado leer, y que de pronto, aparecen.
En parte me gustaría hacer una lista con todos los libros que leo, para, simplemente, recordarlos o tal vez por el acto egocéntrico de echar números y cuantificar. Por otro lado, contarlos, convertirlos en cifra me parece feo, una falta de respeto.
Ojalá quedara algo tangible de ellos, especialmente de los que no son míos.
sábado, 4 de mayo de 2019
"Por los heroes del dos de mayo"
Era mucho más alto que yo, con esos gestos ajustados y medidos de niño bien de colegio de curas, con un punto marcial. Pantalón beige de buen corte y mejor planchado, camisa blanca impoluta de lino, probablemente hecha a medida, americana azul marino que, como mandan los cánones, no se quitó en ningún momento más que para ofrecermela si tenía frío. Zapato negro. Ni una marca a la vista, discreto y sobrio. Reloj caro, pero no mucho. Deportivo. Pulsera de cuero de rigor. Discreta. Cinturón de piel. De esos hombres que llevan la ropa y la ropa no les lleva a ellos.
Yo hablé toda la comida esquivando las gilipolleces de uno de los comensales y él miraba divertido nuestro original partido de tenis, al otro lado de la mesa.
En aquel restaurante de paredes pintadas de negro, con camareros de esos que te retiran la silla y te ponen la chaqueta cuando te vas, sonrío y me dijo que lo único que me faltaba para ser perfecta era ser del atleti. Le contesté que era demasiado hedonista para sufrir tanto y volvió a reírse fuerte.
Al salir del acto "la revelación política" Le llamó por su nombre y le dio un abrazo machote, de esos de golpes fuertes en la espalda que resuenan. Ambos hablaron de igual a igual, actitud que no había visto en otros de mis acompañantes a los que se les notaba desde fuera cómo se les aceleraba el pulso en estas lides y se les afila el colmillo al olor del poder. Él se mantuvo erguido, cordial, simpático pero sin pasarse... Natural. Lo cual dejó en evidencia las ganas de caer bien del resto de nuestros acompañantes y cómo cuando algo es impostado, saltan las alarmas. Para él aquella gente, aquellos actos, por lo visto, eran algo normal y se notaba.
En los toros (sí, fue el día más rancio de mi historia) se sentó a mi lado y me escondí de tras de él un par de veces. Me enseñó a distinguir chinos de japoneses y también confirmó que veo fatal de lejos (no, aquel señor no era Vargas Llosa).
Una de las cosas que más me gustó de él era algo que no había vivido nunca, una tontería, pero algo que me demuestra dónde vivo ahora: este chico/señor siempre se quedaba el último, al lado de la puerta, firme como un palo, hasta que yo pasaba, cediendome el paso con una sonrisa y guiando ligeramente la dirección de mis pasos con su mano firme pero escueta, en mi espalda. Ni un milímetro más abajo ni más arriba de donde tenía que colocarla. En todos los sitios a los que íbamos. Le faltaba dar un golpe con el tacón.
Era un tío serio. Un señor. Y nunca me había cruzado con uno que me mirara así y al que yo le hubiera podido sostener la mirada, calculando distancias e intuyendo intenciones, que, por otra parte, eran bastante evidentes.
Me hizo sentir bien, entre toda la caspa política y el olor a señores carcas y buitres, saber que si quería, podía. Que había gente digna entre aquel barro dorado.
Y, especialmente, que hay hombres que saben hablar y callarse cuando toca, de los que me gustan a mí. Y que saben mirar a los ojos y hacer justo, ni más ni menos, que lo que se debe hacer.
Yo hablé toda la comida esquivando las gilipolleces de uno de los comensales y él miraba divertido nuestro original partido de tenis, al otro lado de la mesa.
En aquel restaurante de paredes pintadas de negro, con camareros de esos que te retiran la silla y te ponen la chaqueta cuando te vas, sonrío y me dijo que lo único que me faltaba para ser perfecta era ser del atleti. Le contesté que era demasiado hedonista para sufrir tanto y volvió a reírse fuerte.
Al salir del acto "la revelación política" Le llamó por su nombre y le dio un abrazo machote, de esos de golpes fuertes en la espalda que resuenan. Ambos hablaron de igual a igual, actitud que no había visto en otros de mis acompañantes a los que se les notaba desde fuera cómo se les aceleraba el pulso en estas lides y se les afila el colmillo al olor del poder. Él se mantuvo erguido, cordial, simpático pero sin pasarse... Natural. Lo cual dejó en evidencia las ganas de caer bien del resto de nuestros acompañantes y cómo cuando algo es impostado, saltan las alarmas. Para él aquella gente, aquellos actos, por lo visto, eran algo normal y se notaba.
En los toros (sí, fue el día más rancio de mi historia) se sentó a mi lado y me escondí de tras de él un par de veces. Me enseñó a distinguir chinos de japoneses y también confirmó que veo fatal de lejos (no, aquel señor no era Vargas Llosa).
Una de las cosas que más me gustó de él era algo que no había vivido nunca, una tontería, pero algo que me demuestra dónde vivo ahora: este chico/señor siempre se quedaba el último, al lado de la puerta, firme como un palo, hasta que yo pasaba, cediendome el paso con una sonrisa y guiando ligeramente la dirección de mis pasos con su mano firme pero escueta, en mi espalda. Ni un milímetro más abajo ni más arriba de donde tenía que colocarla. En todos los sitios a los que íbamos. Le faltaba dar un golpe con el tacón.
Era un tío serio. Un señor. Y nunca me había cruzado con uno que me mirara así y al que yo le hubiera podido sostener la mirada, calculando distancias e intuyendo intenciones, que, por otra parte, eran bastante evidentes.
Me hizo sentir bien, entre toda la caspa política y el olor a señores carcas y buitres, saber que si quería, podía. Que había gente digna entre aquel barro dorado.
Y, especialmente, que hay hombres que saben hablar y callarse cuando toca, de los que me gustan a mí. Y que saben mirar a los ojos y hacer justo, ni más ni menos, que lo que se debe hacer.
jueves, 25 de abril de 2019
Calle Infantas. 2 de la mañana.
Llueve y paro un taxi. Al sentarme veo que el taxista me mira por el retrovisor. Llevo los tacones, el vestido corto y negro y un paraguas grande y masculino oscuro. El pelo suelto y la cazadora de cuero.
Le digo tú dirección y el taxista cambia la emisora de la radio por música jazz. Miro a través de la ventanilla ansiosa por llegar rápido. El taxi huele a tabaco.
Abro la ventana y siento el frío. El taxista me mira de reojo, iluminado por las luces de los semáforos.
Cruzo la ciudad de noche y cerca de tu casa encuentro un atasco que me pone más nerviosa. Quiero llegar ya.
Indico al taxista que pare el coche frente a tu portal. Pago y me bajo sin abrir el paraguas. La cerradura de la puerta suena, estridente, antes de que llame al timbre porque supongo que me estabas esperando.
Subo en el ascensor y me termino de ahuecar el pelo. Se abren las puertas y a oscuras cruzo tu rellano. Antes de llamar al timbre abres la puerta (gafas redondas de pasta, camiseta negra, vaqueros, pies descalzos) y sin mediar palabra me besas aún sin cruzar el umbral. Huelo tu perfume y me da vértigo.
Pasamos a casa. Hay velas encendidas, una lámpara con luz tenue y un par de textos encuadernados con anillas tirados abiertos en la mesa. Hace calor aquí.
Suena el disco que te regalé. Es muy tarde fuera. Estás muy guapo esta noche.
Llueve mucho y hay truenos haciendo retumbar las hojas de las plantas de la galería.
Apagas la lámpara y me siento en el sofá.
Me enseñas sonriendo una botella de vodka rojo sin abrir y vas a la cocina a por hielos.
Quedan 5 horas para que llame a mi jefe y le diga que no voy a poder ir a la reunión.
Queda un minuto para morder tu cuello.
lunes, 15 de abril de 2019
Arde
Arde Notre Dame y no puedes dejar de mirarlo.
Cuando visité París solo tuve tiempo de disfrutar de verdad, como a mí me gusta, sin prisa y sabiendo dónde se está, solo un rato en Shakespeare and Co. Estaba yo sola (qué raro), sentada en un diván verde de terciopelo y una pareja tocaba a cuatro manos el piano. Me emocionó hasta llorar. No sé cuánto tiempo estuve allí, pero fue el único rato en el que supe dónde estaba. Estaba presente y allí. Sin antes, sin después, sin correr.
A Notre Dame entramos de paso. Pocos minutos. Muy pocos. Solo recuerdo verme abrumada por su tamaño, por los arcos, por lo oscuro que estaba todo dentro. Era un viaje al pasado.
Aquel viaje me lo pasé corriendo a ningún sitio para no ver nada. Para no disfrutar nada. Para marcar con un tick las 20 cosas que "había que ver" y que, efectivamente, vimos. Pero nada más.
Ahora arde y ya nunca podré verlo como pude aquella vez y no lo hice.
Qué triste pasar así por los sitios, por la vida. Haciendo como que se está sin estar.
-
Arderá la Historia ante nuestros ojos embobados, borrachos de horror y de impotencia.
Todo pasa. Nada ha venido a durar para siempre, me dices. Y yo te miro justo antes de que me des un beso, lento y triste. Y yo te devuelvo otro, lleno de vida y de aire. Tú y yo tampoco vamos a durar. Como mucho, unos 50 años, que en realidad, no es nada. Un grano de arena. Dos vidas insignificantes. Pero ahora que todo arde, ahora que estamos vivos y hemos coincido en este rato breve, vamos a hacernos eternos un rato. Antes de que todo lo que conocemos también se prenda fuego. Vamos a consumirnos tú y yo, solos en este salón mientras el mundo, ahí fuera, arde. Habrá un segundo en el que tú y yo también seremos fuego. Y luego... Y luego ya dará todo igual.
Cuando visité París solo tuve tiempo de disfrutar de verdad, como a mí me gusta, sin prisa y sabiendo dónde se está, solo un rato en Shakespeare and Co. Estaba yo sola (qué raro), sentada en un diván verde de terciopelo y una pareja tocaba a cuatro manos el piano. Me emocionó hasta llorar. No sé cuánto tiempo estuve allí, pero fue el único rato en el que supe dónde estaba. Estaba presente y allí. Sin antes, sin después, sin correr.
A Notre Dame entramos de paso. Pocos minutos. Muy pocos. Solo recuerdo verme abrumada por su tamaño, por los arcos, por lo oscuro que estaba todo dentro. Era un viaje al pasado.
Aquel viaje me lo pasé corriendo a ningún sitio para no ver nada. Para no disfrutar nada. Para marcar con un tick las 20 cosas que "había que ver" y que, efectivamente, vimos. Pero nada más.
Ahora arde y ya nunca podré verlo como pude aquella vez y no lo hice.
Qué triste pasar así por los sitios, por la vida. Haciendo como que se está sin estar.
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Arderá la Historia ante nuestros ojos embobados, borrachos de horror y de impotencia.
Todo pasa. Nada ha venido a durar para siempre, me dices. Y yo te miro justo antes de que me des un beso, lento y triste. Y yo te devuelvo otro, lleno de vida y de aire. Tú y yo tampoco vamos a durar. Como mucho, unos 50 años, que en realidad, no es nada. Un grano de arena. Dos vidas insignificantes. Pero ahora que todo arde, ahora que estamos vivos y hemos coincido en este rato breve, vamos a hacernos eternos un rato. Antes de que todo lo que conocemos también se prenda fuego. Vamos a consumirnos tú y yo, solos en este salón mientras el mundo, ahí fuera, arde. Habrá un segundo en el que tú y yo también seremos fuego. Y luego... Y luego ya dará todo igual.
domingo, 31 de marzo de 2019
Una de amor.
Perdona si soy patosa y no me entero. Si no capto las indirectas, si no sé traducir bien y te despisto.
El segundo abrazo. El beso en la mano. Lo de tu accidente. Lo de la radio. Lo de tu ex. Lo del mío. Tu casa.
No sé lo que es. No sé si no lo veo. No sé si en realidad, no hay nada que ver y esto nuestro ha sido así y siempre lo será. No sé si es falta de tiempo. Si es mi tendencia a la tensión sexual no resuelta y a los silencios a medias.
Eso sí, hay cosas claras.
Sé que me gusta reírme contigo y citar a Monty Phyton y que me digas con cara de espanto que el género masculino lleva siempre las de perder y que todo es un desastre. Y que sí, que vienes. Sin dudar.
Y no, no voy a pelearme por ti, pero me voy a quedar cerca, igual que haces tú. Aunque no recuerde tu cumple como tú siempre haces conmigo.
Y no, no estoy en otra liga: estoy en la misma liga de siempre. Y ojalá en esa liga de la que hablas haya muchos como tú.
-----
Estar a tu lado dos minutos mirándonos sin conocernos.
----
No sé si fue por él, por aquel día de primavera en el que sobraba la cazadora, por el cielo azul, por la música en mis auriculares o por haberte visto y haberme reído TANTO y tan fuerte pero sentí que se me cargaban las pilas, que la vida empezaba de nuevo y que todo parecía como recién pintado. Y que lo que de verdad quiero ser es un soplo de aire. Un poco de sol. Y tener un hueco en tu casa también y que tú lo tengas en la mía para venir cuando lo necesites o incluso cuando solo te apetezca. Ser una vía de escape. Una tarde de sol en una terraza. Sólo eso. Ni más, ni menos.
----
Yo os caso ahora que no sé si creo en el amor. Quiero decir, lamentablemente creo en él, pero no me gusta. Porque duele. Porque te expones a creer en cuentos y en mariposas y en promesas que, como dice, Ferreiro, no valen nada.
Yo os caso y os leo lo que escribí para mí, para él, para vosotros, con el corazón hecho pedazos y sin suelo bajo los pies.
No sé si será adecuado, lo que sí sé es que es verdad. Como todo lo que escribo.
Yo, que soy la única sin pareja en la boda, os caso. Yo que reniego del para toda la vida muy a pesar y a la luz de los acontecimientos, os caso.
Y a pesar de eso, a pesar de todo, vuestra confianza es una de las cosas que me hacen creer en el amor.
---
Tal vez sea una señal para que me quede cerca y se me llene el corazón de luz y de aire limpio (y contaminado también), de dejar de buscar fuera lo que tengo dentro. De empezar a construir sobre los cimientos que ya sé que me hacen feliz (y además, tanto). ¿Te imaginas cómo sería? O tal vez ir un rato fuera y decidir volver a casa a pesar de todo, de los alquileres y los gastos, pero con ellos.
El segundo abrazo. El beso en la mano. Lo de tu accidente. Lo de la radio. Lo de tu ex. Lo del mío. Tu casa.
No sé lo que es. No sé si no lo veo. No sé si en realidad, no hay nada que ver y esto nuestro ha sido así y siempre lo será. No sé si es falta de tiempo. Si es mi tendencia a la tensión sexual no resuelta y a los silencios a medias.
Eso sí, hay cosas claras.
Sé que me gusta reírme contigo y citar a Monty Phyton y que me digas con cara de espanto que el género masculino lleva siempre las de perder y que todo es un desastre. Y que sí, que vienes. Sin dudar.
Y no, no voy a pelearme por ti, pero me voy a quedar cerca, igual que haces tú. Aunque no recuerde tu cumple como tú siempre haces conmigo.
Y no, no estoy en otra liga: estoy en la misma liga de siempre. Y ojalá en esa liga de la que hablas haya muchos como tú.
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Estar a tu lado dos minutos mirándonos sin conocernos.
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No sé si fue por él, por aquel día de primavera en el que sobraba la cazadora, por el cielo azul, por la música en mis auriculares o por haberte visto y haberme reído TANTO y tan fuerte pero sentí que se me cargaban las pilas, que la vida empezaba de nuevo y que todo parecía como recién pintado. Y que lo que de verdad quiero ser es un soplo de aire. Un poco de sol. Y tener un hueco en tu casa también y que tú lo tengas en la mía para venir cuando lo necesites o incluso cuando solo te apetezca. Ser una vía de escape. Una tarde de sol en una terraza. Sólo eso. Ni más, ni menos.
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Yo os caso ahora que no sé si creo en el amor. Quiero decir, lamentablemente creo en él, pero no me gusta. Porque duele. Porque te expones a creer en cuentos y en mariposas y en promesas que, como dice, Ferreiro, no valen nada.
Yo os caso y os leo lo que escribí para mí, para él, para vosotros, con el corazón hecho pedazos y sin suelo bajo los pies.
No sé si será adecuado, lo que sí sé es que es verdad. Como todo lo que escribo.
Yo, que soy la única sin pareja en la boda, os caso. Yo que reniego del para toda la vida muy a pesar y a la luz de los acontecimientos, os caso.
Y a pesar de eso, a pesar de todo, vuestra confianza es una de las cosas que me hacen creer en el amor.
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Tal vez sea una señal para que me quede cerca y se me llene el corazón de luz y de aire limpio (y contaminado también), de dejar de buscar fuera lo que tengo dentro. De empezar a construir sobre los cimientos que ya sé que me hacen feliz (y además, tanto). ¿Te imaginas cómo sería? O tal vez ir un rato fuera y decidir volver a casa a pesar de todo, de los alquileres y los gastos, pero con ellos.
martes, 19 de marzo de 2019
Chet Baker y los planes.
Tú y yo nos habíamos cruzado en esa ciudad que detesto, y que apenas conozco. No lo recordaba hasta que alguien sacó en una conversación sin importancia un detalle, un aspecto sepultado que, por mí misma, nunca hubiera vuelto a mi cabeza.
Habló de aquello (un teatro, un ataúd) y como un golpe, todo volvió a mi cabeza descolgándome la mandíbula. Tú estabas allí. Tan cerca. Y yo estaba entonces tan perdida...
Te recuerdo la primera vez, pero no esa. Ni te vi. Ni te miré.
No me importabas nada. No te conocía de nada.
-------------------------------------------------
Es curioso cómo la vida te hace orbitar alrededor de gente. Te rozas con ellos o ni siquiera adviertes su presencia. Vives a una calle de distancia y nunca coincides. Tus abuelos eran colegas y compartían chatos en el bar. Están cerca, pasan a tu lado, y justo giras la cabeza y te los pierdes.
O justo, un día, cambias de ruta, o miras en su dirección, y te los topas.
Como con la música.
Pasas años dando vueltas a las mismas canciones, caminas cerca de una canción, siempre la encuentras a medias, o tal vez la oyes sin escuchar. Escuchas música similar, cantantes contemporáneos. Y un día, dar un click en un sitio distinto, te planta enfrente.
Te golpea.
Te reconoce.
Sientes como cuando percibes un rastro de perfume que te resulta familiar y súbitamente, le pones nombre.
También me ha pasado con él.
But don't change a hair for me Not if you care for me Stay little valentine stay Each day is Valentines day
https://www.youtube.com/watch?v=jvXywhJpOKs&list=RDjvXywhJpOKs&index=1
-----------------------------------------------------------------
Ojalá seas tú, y ojalá haya caminos de esos raros que nos unen a lo que debe ser. Ojalá sepa ver más lejos cuando estés cerca y no me quede solo con el barniz. Ojalá sepa decir que no cuando se encienda la luz roja y me fíe de ella, y no me deje mecer por el canto de las sirenas nunca más.
Ojalá sepa advertir cuando alguien quiera usurparte el sitio y lo eche sin piedad.
Ojalá sepa reconocer tu risa y esa manera tuya de hablar abriendo un poco las manos. Ojalá pongas a Etta con las ventanas abiertas en verano y ojalá sigas cambiando la letra a las canciones.
Ojalá me hagas reír. Mucho.
Ojalá pienses que exactamente esa marca de mi brazo, esa manía mía de acaparar a la gente que quiero como si me la fueran a robar y de eliminar lo que me hace daño, esa necesidad de salir a la calle si hay sol, es lo que hace me hace ser yo. Y que, de verdad, de verdad de la buena, te parezca bien y lo quieras en tu vida sin peros. Con conocimiento de la sombra, pero sin peros.
Ojalá seas honesto y valiente. Y entiendas porqué no soporto que me mientan ni que me endulcen la realidad. Y lo asumas en tu corazón y actúes en consecuencia. Y que sepa yo reconocer cuando no pase.
Ojalá sepa pedir lo que necesito, y ojalá tú también necesites poco.
Ojalá nos empujemos a vivir y compremos billetes de avión para que pierda el miedo (y si no lo pierdo, que me cantes a The Smiths "And if a double decker bus crushes into us..." cuando todo se vaya al carajo). Ojalá te haga feliz.
Ojalá choquemos y, esta vez sí, se produzca el Big Bang en medio del salón.
Y ojalá me estropees los planes.
https://www.youtube.com/watch?v=klqA9HPgsho&list=RDklqA9HPgsho&start_radio=1
Habló de aquello (un teatro, un ataúd) y como un golpe, todo volvió a mi cabeza descolgándome la mandíbula. Tú estabas allí. Tan cerca. Y yo estaba entonces tan perdida...
Te recuerdo la primera vez, pero no esa. Ni te vi. Ni te miré.
No me importabas nada. No te conocía de nada.
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Es curioso cómo la vida te hace orbitar alrededor de gente. Te rozas con ellos o ni siquiera adviertes su presencia. Vives a una calle de distancia y nunca coincides. Tus abuelos eran colegas y compartían chatos en el bar. Están cerca, pasan a tu lado, y justo giras la cabeza y te los pierdes.
O justo, un día, cambias de ruta, o miras en su dirección, y te los topas.
Como con la música.
Pasas años dando vueltas a las mismas canciones, caminas cerca de una canción, siempre la encuentras a medias, o tal vez la oyes sin escuchar. Escuchas música similar, cantantes contemporáneos. Y un día, dar un click en un sitio distinto, te planta enfrente.
Te golpea.
Te reconoce.
Sientes como cuando percibes un rastro de perfume que te resulta familiar y súbitamente, le pones nombre.
También me ha pasado con él.
But don't change a hair for me Not if you care for me Stay little valentine stay Each day is Valentines day
https://www.youtube.com/watch?v=jvXywhJpOKs&list=RDjvXywhJpOKs&index=1
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Ojalá seas tú, y ojalá haya caminos de esos raros que nos unen a lo que debe ser. Ojalá sepa ver más lejos cuando estés cerca y no me quede solo con el barniz. Ojalá sepa decir que no cuando se encienda la luz roja y me fíe de ella, y no me deje mecer por el canto de las sirenas nunca más.
Ojalá sepa advertir cuando alguien quiera usurparte el sitio y lo eche sin piedad.
Ojalá sepa reconocer tu risa y esa manera tuya de hablar abriendo un poco las manos. Ojalá pongas a Etta con las ventanas abiertas en verano y ojalá sigas cambiando la letra a las canciones.
Ojalá me hagas reír. Mucho.
Ojalá pienses que exactamente esa marca de mi brazo, esa manía mía de acaparar a la gente que quiero como si me la fueran a robar y de eliminar lo que me hace daño, esa necesidad de salir a la calle si hay sol, es lo que hace me hace ser yo. Y que, de verdad, de verdad de la buena, te parezca bien y lo quieras en tu vida sin peros. Con conocimiento de la sombra, pero sin peros.
Ojalá seas honesto y valiente. Y entiendas porqué no soporto que me mientan ni que me endulcen la realidad. Y lo asumas en tu corazón y actúes en consecuencia. Y que sepa yo reconocer cuando no pase.
Ojalá sepa pedir lo que necesito, y ojalá tú también necesites poco.
Ojalá nos empujemos a vivir y compremos billetes de avión para que pierda el miedo (y si no lo pierdo, que me cantes a The Smiths "And if a double decker bus crushes into us..." cuando todo se vaya al carajo). Ojalá te haga feliz.
Ojalá choquemos y, esta vez sí, se produzca el Big Bang en medio del salón.
Y ojalá me estropees los planes.
https://www.youtube.com/watch?v=klqA9HPgsho&list=RDklqA9HPgsho&start_radio=1
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